Patxi Gutiérrez vio las primeras luces en Manganeses de la Lampreana, localidad situada al noreste de la capital zamorana. Allí aprendió a caminar, asistió a sus primeras clases y descubrió palabras como acarrear, trillar, vendimiar y ordeñar. Fueron seis años intensos hasta que sus padres Quintiliano y Florentina se trasladaron a la ciudad de Bilbao con algunos enseres y unas alforjas repletas de esperanzas. Esperanzas que fueron transformándose en realidades con el paso del tiempo.
Allí pasó los mejores años de su vida, aquellos que jamás se olvidan: le enseñaron y aprendió cosas en el Instituto Miguel de Unamuno y las remató en la Universidad de Deusto. En unas fiestas de ese barrio conoció a Mari Feli, que aún hoy sigue siendo su compañera de alegrías y sobresaltos. Transcurrió la infancia, la adolescencia, la juventud y, cuando alcanzó la edad adulta, se afincó en Asturias, tras pasar unos pocos años en tierras gallegas.
En Oviedo continúa disfrutando de sus hijas Iranzu y Nerea, de su pareja, sus libros, su estilográfica y sus cuadernos que un día fueron inmaculados.